El maíz en la culinaria criolla tiene una profunda vinculación con la cocina de los taínos. El cronista Anglería, citado por Juan Nina en la obra El origen de la cocina dominicana (2007), refiere sobre el maíz: “El pan de maíz es más saludable para los habitantes de aquellas comarcas que el trigo, por digerirse más fácilmente; esto está de acuerdo con la razón física, porque no haciendo frío, las extremidades no envían calor a las entrañas”. En la isla, el consumo del maíz se incrementó con la llegada de los canarios en los siglos XVII y XVIII, quienes incorporaron este ingrediente a sus platos.
En toda América Latina y el Caribe, desde la época precolombina, el maíz fue fundamental en la dieta de sus habitantes. Al igual que la yuca, su consumo tenía diferentes formas y un carácter sagrado. Entre los mayas, el maíz era considerado divino: rendían culto a Centeo ti, dios del maíz; a Gilonen, diosa de las mazorcas tiernas; y a Llamatecuhtli, diosa de las mazorcas secas. Además, creían que el primer hombre había sido hecho de maíz. Por ello, los investigadores señalan que su cultivo y consumo datan de hace tres o cuatro milenios.
En República Dominicana existen diferentes variantes de lo que se conoce como arepa. En el caso de las arepitas dominicanas, se preparan fritas con harina de maíz. Son muy populares y fáciles de preparar, y se disfrutan de diversas formas: como acompañamiento, plato principal, snack, picadera o desayuno. Es tradicional acompañarlas con una taza de chocolate caliente en los hogares dominicanos.
También se conocen como torrejas de harina de maíz dominicana y se incluyen frecuentemente en los menús de entradas de los restaurantes del país. Ligia de Bornia, en su receta histórica, señala que el encanto y el toque mágico de estas arepitas se logra integrando un poco de anís y azúcar blanca. En su obra, denomina la preparación “Arepitas de maíz tierno”, recomendando disfrutarlas calientes.