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4 de abril de 2017

Sabor dominicano en bosque asturiano

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Corresponsal en España

Lo menos que podría imaginar cualquiera que visite este pequeño pueblo asturiano, es poder degustar comida dominicana, a menos de una hora de Oviedo y rodeado de un frondoso bosque, cuna de un río de belleza contraria a su nombre: Infierno.

En este entorno, parecido al descrito en algunos cuentos infantiles, se ha hecho popular Carmen, una dominicana que, a pesar de nunca haber estudiado cocina, prepara con igual destreza una fabada asturiana, como un sancocho dominicano.

Todo lo que sirve el Mesón Vízcares tiene el toque personal de esta sancristobera que recibe elogios en páginas, periódicos y de cuantos recalan en este restaurante. Ubicado en el centro de Espinaredo, pueblo piloñés famoso por su paisaje, casas de turismo rural y sus hórreos centenarios.

“Aquí viene gente de todas partes”, dice la cocinera, quien reconoce que el principal reclamo de sus clientes es la comida asturiana. Pero poco a poco ha ido introduciendo con éxito algunos platos de la gastronomía dominicana.

De trato afable y cercano, Carmen no solo se ha hecho famosa por el toque personal que da a la fabada, pote asturiano, asados de jabalí, cordero, venado y otras carnes de la caza, abundante en esta zona. También por sus cocteles: mojito, piña colada, bebidas como la “mamajuana” o un “morir soñando” al que le agrega un ligero toque de ron.

“Preparo sancocho, asopado, chivo guisao, tostones, mofongo... con reserva previa para grupos”. Añade que “quienes más piden dicha comida, son personas que ya la han probado antes... gente de allá que vive aquí o está de turismo o españoles o extranjeros que han viajado o vivido allá o que tienen familiares de allá”. Dice esta luchadora sancristobera.

“Soy de San Cristóbal, pero allá nadie me conoce por Carmen, sino por Francisca Suero”. Recuerda que llegó a España hace más de 20 años, junto a sus dos hijos de 8 y 7 años.

Tras muchos avatares y varios años al cuidado de ancianos, recalaron en Asturias, donde Carmen conoció a Honorio, su pareja y propietario del Mesón Vízcares, que ambos regentan.

Hasta entonces, ella nunca había llevado un restaurante y tampoco sabía preparar ningún plato asturiano.

“Todo lo que sé de cocina de allá lo aprendí de chiquita, nunca estudié cocina y tampoco sabía preparar nada de aquí”, confiesa. Pero eso no la acobardó para llevar el negocio. Gracias a una vecina del pueblo, inmediatamente aprendió las particularidades de la cocina asturiana.

Además del trabajo en el Mesón, Carmen cultiva sus propias hortalizas y algunas de las especias y plantas aromáticas que incorpora a sus platos.

Su buen hacer y trato para sus clientes le han generado numerosos elogios y recomendaciones en páginas y artículos especializados en turismo rural y gastronomía, entre los que destacan los que le dedicaran en la sección, “Entre Pucheros” de La Nueva España, el principal diario asturiano.

Para Carmen, cuyos hijos también trabajan en la hostelería en dos establecimientos de Oviedo, su sueño sería publicar un libro de cocina que recoja sus propias recetas y la forma en que ha logrado fusionar la cocina dominicana y asturiana.

 

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