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28 de junio de 2017

Restaurante Mi Casa, tres décadas de servicio

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Su nombre: Mi Casa, es el preludio de un restaurante acogedor. Pocos minutos en su interior lo confirma. José Leonidas Acosta, propietario y administrador de este negocio en el centro de Constanza se esmera en sus atenciones mientras la estructura en madera proporciona la calidez propia de una vivienda familiar.

Para completar el cuadro, a pocos metros, en la cocina, su esposa, Carmen Estela Gratereaux, está a cargo de lo que allí se cuece para satisfacción de una clientela que en 32 años de existencia ha hecho suyo este restaurante de exquisitas atenciones y platos suculentos.

Lomito salteado, chivo guisado, guinea, platos a base de res y pollo, sancocho y como guarniciones, moro, arroz blanco, vegetales, figuran entre los platos que más demanda tienen de un menú donde no faltan preparaciones cotidianas como el mangú y el puré de rábano amarillo, que es un fuerte de Constanza, único lugar del país donde se produce y que en Mi Casa preparan con un toque exclusivo.

Pero si fueran a un concurso, el chivo, el conejo y el sancocho se llevan la corona. “Nuestro mondongo tiene una gran demanda y también tiene nuestro truquito, a la vez preparamos el callo, una mezcla de mondongo, pata de res, chuleta, chorizo, jamón y garbanzo”, amplía Acosta.

“El sancocho es una receta familiar que a la clientela le fascina”, refiere con orgullo y añade que en ocasiones especiales lo preparan de habichuelas.

El chacá, ese plato a base de maíz que tanto gusta, también es ofertado ocasionalmente, aunque no forma parte del menú. “Al igual que el sancocho de habichuelas, son platos que preparamos para la familia, pero igual lo servimos a los clientes que lo piden”.

Aunque el menú es de comida criolla con énfasis en productos y platos locales, el “lomito salteado” es un plato peruano que los clientes han adoptado por su sabor exquisito. Está compuesto por filete de res y de cerdo cocidos a la plancha en trocitos y salteados con un toque de sal y una cucharada de aceite verde, a los que se adiciona cebollas en tiras sofritas hasta marear, papa frita y tomate. Basta mezclar para obtener un plato riquísimo.

Acosta atribuye en gran parte el éxito de Mi Casa y su prolongada existencia a la forma de cocinar sus alimentos y el sazón característico. “Nunca usamos sazones artificiales. Nuestros condimentos son frescos, naturales y preparados en el momento en que se van a usar: cebolla, ají, orégano, ajo…no necesitamos más y al igual que todos los vegetales que servimos como acompañantes y en ensaladas lo tenemos aquí, recién cosechados, porque en Constanza podríamos decir que tenemos el huerto en el patio”.

Definitivamente Mi Casa, así sienten los clientes este restaurante hotel ubicado en la calle Sánchez número dos, casi esquina Luperón.

Algunos han sido fieles desde sus inicios; otros, aunque emigraron, no vienen al país sin pasar a recordar viejos tiempos y a degustar nuevamente el sazón que hizo que un negocio pequeño de expendio de sándwiches, después de convertirse en restaurante, se expandiera hacia el área hotelera. Los asiduos viajeros ya no querían pernoctar en otros lugares y empezaron a demandar alojamiento. Ya son 32 años de servicios… y el matrimonio Acosta Gratereaux sigue contando.

 

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