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17 de julio de 2017

Restaurante Dilenia, comida con legado familiar

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Un común denominador en la mayoría de los restaurantes de Constanza es la integración al menú de recetas de familia. En el Dilenia no fue diferente, detrás de cada uno de sus platos está la historia de los parientes de su propietaria y chef, Carmen Dilenia de la Rosa, y de ella misma.

De la Rosa relata que la primera receta familiar en entrar al restaurante cuando se diseñaba el menú fueron las habichuelas guisadas de su madre Sumérgida Pimentel. Su propio esposo, Olmedo Durán, sentenció que debían ser las de su suegra, cuya fama trascendió el seno familiar para convertirse en un sello tan distintivo del restaurante que hasta de Santiago tienen clientes que viajan a Constanza atraídos por ellas.

A esa integrante de la tríada que junto al arroz blanco y la carne guisada componen “la bandera”, le siguieron las recetas del ovejo al horno de un tío de su esposo que pronto se convirtió en unos de los platos más demandados.

Mientras que de una prima residente en Puerto Rico son las canastitas de tostones rellenas de carnes con queso, mariscos y para los amantes de los vegetales y vegetarianos la opción con berenjena. De la Rosa asegura que su restaurante introdujo a Constanza esta forma de consumir el plátano.

De la propietaria es la receta de dulce de fresas en almíbar, un postre icónico que nunca falta, al igual que el jugo de la misma fruta elaborado con tal concentración que los clientes lo distinguen e invitan a otros a consumirlo. “Hago un cortado de leche buenísimo y mi mamá un dulce de papa riquísimo semejante a la jalea de batata”, continúa de esa forma la propietaria el recuento del legado familiar al menú del restaurante.

De la Rosa entiende que la oferta de los restaurantes de pueblo debe estar sustentada en la comida criolla y un vistazo al menú del suyo confirma que predica con la práctica. Allí encontramos, además del ovejo al horno y guisado, guinea al vino, bistec de res encebollado, pechuga a la plancha o en salsa de hongos, chuletas BBQ, mero a la criolla o a la plancha y camarones al ajillo, entre otros, servidos con guarniciones que van desde el arroz blanco con habichuelas, tostones, papas salteadas y fritas, coloridos de vegetales salteados, hasta el icónico puré de rábano amarillo.

La integración familiar distingue a este restaurante que también dispone de un pequeño hotel de 14 habitaciones. En sus inicios, Olmedo Durán tenía una crianza de ovejos que lo autoabastecía y también tuvieron una activa participación todos los hijos, hasta que les llegó la hora de marchar a la universidad y seguir su propia trayectoria y uno de ellos, definido por su madre como “famoso en el restaurante”, partir de este plano terrenal. De cuatro, después de estudiar regresó Disnalda para hacerse cargo del área de postres, previa preparación en repostería.

“Estaba cansada de oír que en Constanza no había donde comer”

El Hotel Restaurante Dilenia abrió sus puertas hace 15 años como una respuesta a la necesidad de lugares donde las personas que visitan este municipio vegano pudieran disfrutar de buena comida dominicana.

De la Rosa, una amante de la cocina que heredó esa pasión de su madre, preparaba bocadillos para eventos, pero le inquietaban los comentarios que sobre esta localidad hacían sus visitantes.

“Escuché a muchas gente decir que aquí no había donde comer, que venían pero tenían que irse a otros pueblos a comer, así que sentí la necesidad de dar respuesta a las personas que decían eso”, recuerda Carmen Dilenia.

Así nació en la calle Gastón Fernando Deligne número siete, el Hotel Restaurante Dilenia, en una cálida y acogedora edificación levantada en madera, fiel a un concepto arquitectónico de montaña que luego replicaron otros negocios.

La historia se ha transformado en apenas 15 años. Ahora Carmen Dilenia reconoce que Constanza cuenta con una oferta gastronómica para satisfacer al visitante, pero entiende que se necesita una promoción que atraiga un mayor flujo turístico y desarrollar atractivos que motiven a los visitantes a quedarse varios días y que la población local entienda que los puede visitar, hasta para conversar mientras toma un café o un chocolate, porque no existe tradición en los constanceros de comer fuera de casa y si lo hacen se van a otra localidad.

“No me quejo, aunque reconozco que puedo lidiar más con la situación porque no pago local, pero hay que trabajar para que el flujo de visitante no se limite a los fines de semanas y feriados y que los clientes encuentren condiciones para visitar, además del Divino Niño, atractivos como Aguas Blancas y las Piedras Letradas, porque actualmente el mal estado de la carretera lo dificulta”, manifiesta.

Otro cambio que ha registrado el sector desde que abrió el restaurante Dilenia, es el abastecimiento de su cocina con productos locales. En sus inicios Carmen Dilenia se encontró con la paradoja de que la producción de Constanza salía casi en su totalidad a otros mercados. “Teníamos que pelear con los vendedores porque se llevaban todo fuera del municipio. Antes uno no conseguía lechuga gourmet aquí, yo tenía que traerla de la Capital. Gracias a Dios actualmente, además de una mayor diversificación, tenemos facilidades para conseguir nuestros productos”.

La evolución que testifica mantiene su fe en el desarrollo de Constanza como destino gastronómico y de su propio negocio, del que siente la satisfacción de que todo el que lo visita regresa y como ejemplo señala una turista de Suiza que estuvo allá cuando inauguraron el Dilenia, regresó hace cuatros años y estuvo allá recientemente y le dijo que estaba maravillada de siempre encontrar el sabor que la conquistó el primer día.

 

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