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8 de mayo de 2017

Miriam de Gautreaux, un nombre ligado a la historia de la repostería en RD

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Miriam de Gautreaux es la personificación de la historia de la repostería en República Dominicana. Aunque hay antecesoras, como es natural, quiso la vida que ella fuera pionera de la enseñanza técnica de este oficio cuando aceptó encargarse, junto a otras compañeras, de la enseñanza de esa disciplina en la primera escuela de capacitación femenina, creada por el gobierno en 1969 mediante un convenio con Venezuela.

Esa primera escuela, bautizada luego como María Trinidad Sánchez, tuvo tal acogido que fue necesario abrir tandas matutina, vespertina y nocturna en cursos que acogían hasta 70 personas interesadas en aprender, tanto la repostería como la pastelería decorativa.

Miriam de Gautreaux asumía, con esa decisión, una carrera docente que ya suma 55 años, pero también una misión patriótica, porque la emprendía de manera honorífica.

Un grupo de mujeres enviado por el gobierno a capacitarse en Venezuela se negó a trabajar sin remuneración a su llegada al país.

La escuela atrajo alumnas de todos los estratos sociales, pero al poco tiempo las que tenían poder adquisitivo les pidieron a Miriam de Gautreaux clases privadas, lo que dio inicio un año después, a la academia que lleva su nombre.

Alternando en ambas escuelas, agotaba un programa que incluía teoría y práctica, especialmente elaboración de adornos como flores, figuras, edificaciones en pastillaje, enrejado en glasé, adornos de tul y de cartulina, este último una idea que desarrolló ante la facilidad con que se rompían los enrejados.

Aún mantiene la enseñanza, desde lo básico hasta talleres especializados en técnicas vanguardistas, mientras que por 25 años continuos se mantuvo en la María Trinidad Sánchez, una institución que asumió como si fuera suya. La escuela luego pasó de capacitación femenina a laboral, para dar cabida a los hombres.

Su ojo visor y empeño con que ha ejercido su vocación la han llevado a crear, en unos casos, y a introducir al país, en otros, novedades en la elaboración y decoración del bizcocho, creando tendencias y ganando renombre tanto en su tierra como en Estados Unidos, donde iba en las vacaciones a capacitar, no solo a las dominicanas, sino a latinas que se interesaron desde el primer curso.

Su labor la lleva a asegurar que la mayoría de las personas que trabajan repostería han pasado por sus aulas.

Fue a través de sus cursos que su masa de bizcocho se introdujo en Estados Unidos como “el bizcocho dominicano”, siendo el más demandado y fuente de una serie de reposterías que con orgullo especifican en sus letreros su procedencia dominicana.

Esta exponente del arte de la repostería tiene el mérito también de haber publicado el primer libro de ese género de República Dominicana y de los pocos de América Latina. Se trata de los volúmenes I, II y III de La magia del azúcar, a través de los cuales extiende su vocación docente.

De la antología de la repostería en RD

No ha desmayado ni descansado y justo cuando arribó a sus 50 años en la enseñanza decidió entregar a la sociedad una Antología del arte de la repostería en la RD (siglo XX y XXI), un legado que cubre la ausencia de información y preserva la memoria de las personas, en su mayoría mujeres, que han hecho historia en la repostería, colocando al país en un sitial privilegiado a nivel mundial.

La obra recoge en 230 páginas la trayectoria de los primeros 50 años de dedicación de Miriam de Gautreaux al arte y la magia del azúcar. También, reserva un capítulo a sus predecesoras, aquellas que entre 1900 a 1970 asumieron la elaboración de ese postre que tradicionalmente ha tenido el protagonismo de las fiestas.

Esas reposteras, clasificada como “la generación anterior” fueron Mercedes Amiama Tío, Lidia y Gladys Asencio, Minversa Bonnelly, Gladys Chabebe de Cruzado, Rita Casia Fermín Díaz, Angélica Fiallo, Rosa Herminia, Jacobo Vilato (Linda), Cristiana Peynado, Miguel Sampoll, Vilma Benzo, Elsa Coronado, Rosa Escaño, Gladys Scaroina y Bebeta Salado de Alonso.

Miriam de Gautreaux dedica también un capítulo a las reposteras que componen su generación, en su mayoría alumnas suya. Son: Isabel Acosta, Ana Rita Alfau (doña Nitín), Santia Arias de Bello, Miriam Gracia de Caro, Egla de Cheaz, Fedora López de Frieessner, Mary Rosa de Estrella, Fashion Cake, El pastel de la fuente de agua, Virginia Gómez, Mercedes Virginia Gutiérrez, Grecia de Iglesias, Maricela Lora de Leger, Juana Mejía de Hiraldo, Arelys Inmaculada, Rancier López, Oceanía Muñoz, Petra Rodríguez, Aida Saladín, Elba Peña de Saleme y Sarah Bernandita Siued (Benny).

La antología termina con “El relevo, jóvenes talentos”, los que se suman a los artistas del azúcar existente en una transición que los llevará a tomar las riendas. Miriam de Gautreaux señala, entre ellos, a Monika Eleonor Aldebot Khouri de Erhardt, Juan Andrés Arache, Yleana Durán, Alejandro Guillén Ozuna, Rosanna Iglesias Garden, Michelle Catalina, Khouri Lantigua, Melvin Lora, Isabel Morel (repostería Nené), Carmen Pimentel (Mily), Tú me derrites, Carolina Rodríguez (hija de Petra Rodríguez) y los reposteros chinos Dario Sang y Weilian Chen.

 

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