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27 de julio de 2017

Miguelina, el parador que conquistó a los príncipes de Asturias

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Si resiliencia es la capacidad de los seres humanos para adaptarse positivamente a situaciones adversas, Miguelina Mirabal le dio su justo valor a ese novedoso concepto cuando en 1982 emprendió con apenas 56 pesos, la base de lo que hoy es la Panadería & Repostería Miguelina, un parador en la Autopista Duarte, en Bonao, que se distingue por la higiene y la calidad de sus productos.

La historia de este negocio fruto del coraje, la entrega, perseverancia, determinación y unión de una familia inició cuando Félix García perdió su empleo y el dinero de las prestaciones había menguado. Miguelina Mirabal, su esposa, hizo crecer los últimos pesos que quedaban, hasta llegar a tener un negocio en la autopista Duarte, un lugar acogedor que se ha convertido en un orgullo dominicano y un punto para disfrutar el exquisito sabor de nuestra cocina.

Imilce, Annery y Félix Ernesto, los hijos de la pareja, crecieron en la medida en que evolucionaba la empresa y hoy están integrados junto a sus padres, a través de diferentes puestos.

Así empieza su relato Imilce García Mirabal, gerente de Servicio al Cliente, cuando la abordamos sobre este negocio familiar que se destacó en sus inicios y sigue atrayendo la atención de los viajantes por el alto valor estético e higiénico de sus baños, lo que se convirtió en su mayor referente.

Fundación Sabores Dominicanos: ¿Cuándo surgió este negocio?
Imilce García Mirabal: Por circunstancia de la vida inició en 1983. Mi papá, Félix García, resultó “agraciado” durante una liquidación masiva en la Falconbridge Dominicana, donde trabajaba. Mis padres usaron ese dinero para saldar el pago de la casa donde vivíamos y otras deudas y cuando mi mamá, Miguelina Mirabal, vio que solo le quedaban 56 pesos, los compró de yuca, así que empezó literalmente guayando la yuca para extraer el almidón para la elaboración de hojaldres, producto que aún tenemos a la venta.

FSD: No iniciaron en esta dirección, ¿Cómo se dio ese proceso?
IGM: Comenzamos en 1982 en nuestra casa, en el Reparto Yuna, en Bonao. Mi mamá es muy creativa, así que a las hojaldres pronto les añadió palitos de coco, mantecados, galletitas diversas y más tarde surgió la panadería, era un negocio de delicatesen. Ella empezó a inventar recetas, suplía a los paradores y el negocio fue creciendo, los clientes demandaban más productos, así que surge la idea de mudarnos a una casa mayor. Recuerdo que ella nos iba a buscar al colegio y nos montaba a mí y mis dos hermanos en el “cepillo” lleno de paquetes para llevar a diferentes puntos de Santiago y La Vega. Es admirable, yo me siento orgullosa de los padres que tengo: Son un equipo.

FSD: ¿Fue entonces cuando dieron el salto a la Autopista Duarte?
IGM: No, aun no. Unos siete años después de iniciar el negocio, nos mudamos a una casa más grande y mami comienza a exportar hojaldres y palitos de coco. Luego apareció un local, ahí añadió caramelitos, siguieron las galletitas, los dulces de naranja y de piña en crema de leche y los de cereza, entonces hizo una especie de carrito móvil que trasladaba de un lugar a otro y por Sonador, un distrito municipal, instaló una caseta para vender los dulces. Luego alquila y terminó comprando el local que aún tenemos en la calle Duarte, del pueblo, donde aún estamos. Cuando el negocio alcanzó un grado de equilibrio que no le permitía crecer más porque esa es una limitante de los pueblos, dio el siguiente paso, que fue la instalación en la Autopista Duarte, una visión que tuvo mi hermano menor, Félix Antonio y que mi mamá analizó y llevó a la práctica. Aquí abrimos en 2003.

FSD: ¿Qué participación ha tenido su padre y los demás integrantes de la familia?
IGM: Mi papá siempre ha sido el hombre de los números. El maneja la parte administrativa, saca costos, ve si un producto es rentable; mi mamá es la presidente, es una innovadora, vive creando y poniendo a prueba nuevos productos; mi hermana trabajó en el área de los bizcochos, mi hermano menor va y viene, es panadero y se involucra en el negocio, la nieta es la chefs y yo soy encargada de Servicio al Cliente, pero todos se involucran en la gerencia.

FSD: El negocio creció a la medida que usted lo hacía, ¿alguna anécdota de esos inicios?
IGM: Al principio, cuando estábamos en el pueblo, la mayor demanda que teníamos era de bizcocho. Mi mamá me cuenta que siendo yo muy niña un día que ella no estaba llegó alguien preguntando que si hacíamos bizcocho y yo le dije que sí, que los hacíamos muy bien. Luego, en una bicicletica cogí por la Avenida Libertad, que siempre ha sido muy transitada y llegué donde una señora que hacía bizcocho a buscar unos moldes prestado y mi mamá, que estaba ajena a todo esto, cuando llegó ya estaba metida en ese lío, pero lo hizo. Así empezó una nueva faceta del negocio: Nació la repostería.

FSD: Es difícil hablar de Miguelina, sin hacer referencia a sus baños, ¿cómo valoran el impacto que causaron?
IGM: Al principio no entendía por qué la gente cuando venía manifestaba que quería conocer los baños. Yo nunca había entrado a un baño público, porque no nos lo permitían, nos educaron de forma que teníamos que pasar por el nuestro antes de salir de la casa. Me llamó tanto la atención ese boom, ese interés de los clientes, porque esta es una zona donde hay negocios tradicionales de muchos años, que como hermana mayor decidí hacer un recorrido para ver cómo eran en otros lugares, entonces entendí que tenían razón los clientes. Hemos rotos todos los paradigmas, aunque para nosotros eran baños normales, como los de nuestras casas y manejados con las mismas normas de higiene usual en nuestro hogar y la verdad es que yo creí que eran así en todas partes. Comprendí que sin proponernos transmitimos el mensaje de que si así lucen y se mantienen los baños tienen la garantía de la higiene que hay en la cocina. Es uno de nuestro fuerte.

FSD: Aunque se sigue identificando como panadería repostería, Miguelina es también restaurante, ¿qué caracteriza su comida?
IGM: El restaurante lo exigían los propios clientes, así que decidimos incursionar con la comida y ha sido un éxito. Nos caracteriza el amor con el que hacemos las cosas y el sabor, el verdadero sabor dominicano. Nuestras habichuelas son famosas, los clientes sienten que están comiendo las que preparaba la abuela.

Tenemos un menú criollo, donde figura el mangú con todos los acompañantes que gusta al dominicano y que quiere probar el visitante extranjero. Aquí el cliente se deleita con platos fuertes como chivo, guinea, camarones al ajillo y a la plancha, muelas de cangrejo, pechuga de pollo al limón y a la cordon blue, tomates rellenos... Ofrecemos una gran variedad de bebidas naturales como la mezcla de avena, zanahoria y chinola; blue Berry, cranberry, chinola, cereza, granadillo, jagua, lechosa, limón, mango, “morirsoñando”, piña colada y al natural, sandía, tamarindo y zapote, la mayoría preparados con o sin leche. Pero si lo que prefiere es una bebida caliente puede escoger entre una variedad de café y chocolate, entre los que se encuentran el tradicional café negro, expreso o cortadito, con leche, “capuccinos” diversos, chocolate criollo y té de frutas.

FSD: Los clientes forman parte de la historia de este lugar, ¿recuerda alguno en particular?
IGM: Tenemos que darle gracias a Dios por el apoyo que siempre recibimos de nuestros clientes, particularmente Felucho Jiménez, quien además de cliente se constituyó en un propulsor de lo que somos hoy. Cuando era ministro de Turismo cada vez que iba para Jarabacoa venía, se sentaba horas muertas y empezaba a visualizar y decirnos cómo imaginaba nuevas áreas del negocio; decía por ejemplo: yo quiero que me pongan una terraza ahí, quiero que me vendan un cerdo al cajón, porque si eso es Miguelina ahora con esos baños, yo imagino cuando decida vender comida. Le tenemos un gran agradecimiento. Él fue un motivador, dice que este lugar es parte de él y sigue siendo un cliente fiel.

FSD: Entre los visitantes deben figurar personajes internacionales, ¿Cuál es el que más recuerda?
IGM: Aquí vienen muchos dominicanos y extranjeros y los hoteles hacen paradas aquí cuando salen con sus clientes al interior, pero tuvimos una visita muy bonita, la de los Príncipes de Asturias, Don Felipe y Doña Letizia (actuales Reyes de España), cuando vinieron al país. Se volvieron locos, llevaron todo tipo de productos y Don Felipe le dijo a mi papá que el Palacio necesitaba algo así, que él se lo llevaría con todo y familia. Eso no tiene precio, deja mucho que decir y el compromiso de que tenemos que seguir haciendo las cosas bien hechas.

FSD: ¿De dónde sale esa pasión de Miguelina por la culinaria?
IGM: Aunque mi mamá no estudió gastronomía es una chef empírica, no sabemos si ese amor por los dulces y la cocina proviene de la familia Mirabal, porque la historia de ella es un poco compleja. Aunque hija de Rafael Antonio Mirabal Blanco, primo hermano de las hermanas Mirabal, fue dada en adopción a otra familia, para protegerla de la dictadura trujillista, así que hasta nosotros como generación tocamos de las consecuencias que tuvo ese período histórico. Sabemos que en los Mirabal hay una línea de comerciantes y otra de políticos, así que no sabemos si su pasión viene de ahí o de su madre adoptiva.

FSD: Con la experiencia acumulada, cómo ve la gastronomía dominicana?
IGM: Tenemos que hacer mucho énfasis en nuestra gastronomía, nuestros jóvenes muchas veces no se identifican con ella, la desconocen y se manifiestan de una forma despectiva. Pertenezco a un grupo de chat de mi promoción de escuela y me afecta cuando hablan tan mal de mi país. Cuando opino, trato de que no parezca que defiendo mis intereses, porque la verdad que me siento muy orgullosa de ser dominicana y siento que tenemos mucho que dar.

Tenemos una gastronomía muy rica, lo que pasa es que nuestros ancestros no nos la dejaron como un patrón a seguir, pero si te pones a ver desde lo que era la marifinga, el chenchén, el sancocho, que es un plato fuera de serie, el chambre también llamado congrí, el rabo encendido, el mondongo, nuestro mangú que de un producto aparentemente insípido como el plátano adquiere ese sabor que el ingenio dominicano le ha dado con el vinagre y la cebolla y con ese salami que no se puede quedar, así que entiendo que debemos hacer más hincapié en nuestra gastronomía y en los demás componente de nuestra cultura.

 

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