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10 de marzo de 2017

Los sabores afrutados de Mauricio Navarro

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Durante los meses de clases lo más anhelado por los estudiantes son las vacaciones, pero para Maurico Navarro representaba una verdadera pesadilla llamada “vino de uva”, porque su madre lo mandaba al campo a la casa de su abuelo para que le ayudara a prensar uvas para hacer vino.

El niño de seis años nunca imaginó que el odio que surgió por la producción vinícola, se convertiría en su más grande pasión. Luego de estudiar un año de Derecho en la universidad dijo “esto no es para mí, me hace falta algo” y abandonó la carrera.

Navarro siguió buscando esa chispa que necesitaba para sentirse completo, y aunque estudió agronomía, aun sentía un vacío en su interior. Dejó de lado sus estudios en agronomía para trabajar como director económico de viñedo en la bodega La Cavalchina en Verona, Italia.

Mauricio Navarro cuenta entre carcajadas a Sabores Dominicanos que lo mejor de todo es que en sus labores tenía que llevar a la bodega una gran cantidad de racimos de uva. Aquel escenario lo transportaba a sus vacaciones en el campo, recordándole sus años de infancia, y es en ese momento cuanto su corazón brinca y su voz interna le grita “es por acá que tienes que ir”.

Es entonces cuando Navarro decide involucrarse en los procesos de análisis del vino. Los propietarios de la bodega al ver la destreza y amor con que trabajaba, le sugieren con furor que estudie enología en la universidad de Milán. No lo pensó dos veces y fue detrás de lo que realmente le gustaba.

“Para mí fue bastante fácil y rápido, ya que tenía conciencia con lo que me iba a encontrar. Solo entendería el porqué del mundo enológico”, manifestó.

Desde aquel momento, el enólogo y maestro ronero Mauricio Navarro no se detiene y sigue con pasos firmes en busca de mejorar la imagen y calidad de los vinos de frutas en República Dominicana, labor que realiza por medio del Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria (IIBI).

La Fundación Sabores Dominicanos, te invita a conocer en detalles las aventuras enológicas de Mauricio Navarro que van desde Chile a Italia hasta llegar a República Dominicana.

Fundación Sabores Dominicanos: ¿Qué motivo personal hay detrás de su interés por la enología?
Mauricio Navarro: Tengo una cultura mediterránea exquisita, bien pegada dentro. Vivir en Chile y luego en Italia, dos países que tienen una cultura enológica bastante fuerte ha sido lo que ha despertado mi amor por la enología, y sin lugar a dudas los castigos de mandarme al campo con mi abuelo a prensar uvas (risas).

FSD: ¿Qué lo trae a República Dominicana?
MN: En el 2006 vine al país para seguir con un proyecto que tenía la Universidad de Milán, en la provincia de Neiba. El trabajo fue darle seguimiento a unas variedades de sepas de uvas que se trajeron en el 2003.

La experiencia que viví fue negativa. Yo seguí siempre con un ojo de reguardo en este ambiente porque siempre he pensado que se puede hacer vino en cualquier parte del mundo y mis profesores lo estaban haciendo en Indonesia. Es cuando pienso que si ellos podían hacerlo y lograrlo, en República Dominicana también se podía y con este planteamiento regreso en el año 2009 hasta el sol de hoy.

Me involucré en la zona de Neiba, y le di una pequeña ayuda a nivel técnico. Encontrar los famosos galones de vinos que se venden en las calles fue muy fuerte y chocante, pero con psicología, pasión y motivación fue que les hice entender a los productores que si conseguían cambiar algunas partes del vino, incluyendo la presentación, gozarían de una mejor demanda.

Yo entendí que hacer vino en Neiba no era fácil y bastó solamente pensar que así como se hacía vino con uvas, lo podíamos hacer cambiando la materia prima.

FSD: ¿Cómo llega al Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria (IIBI)?
MN: En el 2013, a través de una visita sorpresa del presidente Danilo Medina a Hato Mayor, encontró una pequeña fábrica de vinos de frutas donde hacían vino de maguey y cereza. El mandatario prometió financiamiento para que se mejorará la producción de estos vinos, y es cuando el IIBI conoce y se pone en contacto con este proyecto, luego de conocerlo la institución me contrata para que sea el encargado de fermentación.

Desde el 2013 hemos asumido el desafío de crear vinos de frutas de calidad con mentalidad comercial y competitiva.

FSD: ¿Tienen algún vino especial?
MN: El vino de mango y chinola me han llamado la atención por el hecho de que cuando se realiza una vinificación de manera completa, se consigue elaborar un vino seco. La gama aromática que dan estas dos frutas es bastante fina y elegante representando muy bien lo que son los vinos blancos internacionales.

Nosotros tenemos la posibilidad de hacer estos vinos de manera natural porque prácticamente la misma levadura está en las frutas. Las personas que han probado el vino de chinola y mango, se confunden y preguntan si es un sauvignon, esto indica que vamos por buena camino.

FSD: ¿En el país, qué cabida tienen los vinos de frutas?
MN: Cuando nosotros nos proponemos crear una botella de vino pensamos inmediatamente a qué segmento o tipo de cliente se puede dirigir. Soy de la idea que desarrollar una formulación no es complicado, la parte delicada es venderla y entonces, es por eso que al momento de crear un buen producto se asume la responsabilidad, primero en ofrecer herramientas al intermediario que llevará el producto y lo presentará en el mercado y al cliente.

FSD: ¿Cree usted que los vinos de chinola y mango pueden competir con vinos internacionales?
MN: En pruebas comparativas el producto es competitivo. El nivel organoléptico, aroma, sabor y graduación alcohólica que dan las frutas que se producen en República Dominicana, es increíble. Referente al caso del vino de chinola y mango es un producto único y de calidad, si tomamos la pulpa de la fruta y la mezclamos con un poquito de agua creamos un equilibrio entre ambas, logrando así resaltar aún más los aromas y el sabor natural. Otra cosa que lo hace competitivo es la imagen.

Aquí hay dos y tres cosechas al año. Hay incluso variedades de frutas que se producen y cosechan de manera continua, como ejemplo el mango en Baní, provincia Peravia; aunque lamentablemente con la uva no es así, se debe esperar un mes en el año para poder recolectarla, pero en República Dominicana no hay limitación.

FSD: ¿Qué representa el IIBI para los productores locales?
MN: Lo que nosotros estamos presentando es la posibilidad de poder innovar y crear puntos alternativos, lo mejor de todo es que son vinos de frutas y solo se da en esta región del Caribe. Somos pioneros porque estamos realizando investigación de manera que se pueden replicar continuamente y con protocolos pragmáticos.

FSD: ¿Qué ventajas le atribuya a nuestra tierra?
MN: República Dominicana goza de un clima espectacular, el cual permite que se produzca una abundancia de frutas que no tienen otros países. Tenemos un gran potencial y abundancia para producir vinos de frutas, mermeladas, licores, néctares, manjares, entre otros.

FSD: ¿Cuál es la labor más importante que se desarrolla en el IIBI?
MN: Nuestro compromiso es desarrollar un producto y entregar las herramientas para que las empresas, productores y emprendedores puedan reproducir los conocimientos adquiridos por los diferentes expertos del Instituto de Innovación en Biotecnología e Industria (IIBI).

Tenemos mucho por hacer y estamos en el inicio, pero contamos con una buena base investigativa que busca brindar el apoyo para que se pueda realizar un producto con altos estándares de calidad competitiva.

FSD: ¿Qué métodos implementa la institución para lograr un mejor conocimiento del trabajo que desempeñan?
MN: Las entrevistas y ferias sirven para difundir el trabajo que realiza esta entidad a favor de los agricultores, empresas y de la gastronomía dominicana. Además queremos hacer de conocimiento a los ciudadanos dominicanos que tengan la confianza de acercarse a nosotros.

FSD: Con su trabajo, ¿qué desea comunicar?
MN: La idea es despertar curiosidad en el cliente dominicano. Como extranjero y profesional lo que quiero es dejar un granito de arena para fortalecer la mentalidad de lo que es una marca país y que los dominicanos tengan orgullo de su producto. En este sentido, las botellas y todo lo que se elabora en el IIBI tiene el logo de marca país.

 

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