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20 de febrero de 2017

Los dulces (II)

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La variedad de dulce es inmensa. “Bienmesabe de coco guayado” y “bienmesabe de naranja”, ambos a base de “melao” en lugar de azúcar, los cuales se vendían envueltos en hojas secas de plátano y los traían a vender los campesinos de San Cristóbal.

Los alfajores, hechos de yuca y azúcar, con un ligero sabor a jengibre, las alegrías de ajonjolí y melao, y las cocadas a base de coco en trocitos, eran otros de los dulces que se comercializaban.

Para hablar de dulce es necesario mencionar a Polita, señora que con un pañolón de madrás envuelto en la cabeza, portaba una voluminosa canasta tapada por un paño, dentro de la cual solía llevar alfajores, hojaldas, roquetes y dulce de maní, que vendía de casa en casa de sus viejos clientes.

Los pirulís y caramelos de Pirú, con sabor a guayaba, los más sabrosos y acreditados de nuestra ciudad, envueltos en papel de vejiga de colores variados y que tenían la particularidad de traer, ocultos en su base, moneditas de un centavo y hasta de diez, como sorpresa.

Los “dulce en palitos”, que venían a ser una variedad del pirulí, hechos en moldes con forma de figuras de animales o de gente, montados en un pedacito de varilla de coco, que se clavaban en los múltiples hoyitos de una tabla circular y se cubrían con una tapa de tela metálica. Este dulce tenía la particularidad de que se anunciaba en una forma muy original, al son de: “Dulce en palito tolelá, abre los ojos y lo verá”.

Eran exquisitos, los dulces que salían del horno de Titita, que llegaron a tener mayor demanda que la capacidad de producción, entre los cuales figuraban pudines, gatoces, macitas, tartitos, hojaldres, empanadillas; roquetes, alfajores, jaleas, sartenes de pan de batatas y de pan de maíz, bolitas de batatas, pastas, cajuiles glaseados, sólidos de mamey, de guanábana, y de naranja.

De los campos circunvecinos, venían briscas de dulces de coco, (piñonate) de naranjas, envueltos en hojas secas de plátano. Estos dulces ordinarios tenían sabor especial porque eran elaborados con el guarapo de la caña, con la desaparición de los trapiches de madera, en los que se molía la caña y se hacía un bien clarificado melado, pero esos dulces desaparecieron.

 

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