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26 de enero de 2017

La comida familiar a finales del siglo XIX

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Muy pocos autores dominicanos retratan las costumbres manducatoria (comida o sustento) de época, y de un autor a otro varían significativamente.

En un trabajo previo para el primer foro de gastronomía muy resumidamente hablamos de la comida en el siglo XIX, citando trabajos de diversos autores.

Ejemplo del extracto del trabajo previo tenemos lo siguiente: “El comedor; como una gran mesa de caoba, por lo regular de cuatro patas torneadas y lustradas; el tinajero, coronado por piedra filtrante cóncava; un jarro de hojalata con puntas en los bordes y mango largo, destinado a sacar el agua de la tinaja, la que ésta siempre brindaba cristalina y fresca. Dentro de la tinaja un pedazo de azufre para purificar el agua evitando que criara larvas. En algunas casas había una lámpara colgante del mismo estilo de la de la sala.

Otra descripción es la mesa de comer, ya fuera alargada, redonda o cuadrada, la que se cubría por una carpeta blanca, negra, de color o floreada, brillante por su parte externa, y velluda, que evitaba que la humedad del calor de los platos calientes deteriorara la mesa.

Junto a la pared se colocaba un lavamanos común, compuesto por una taza o ponchera esmaltada y una pequeña toalla para secarse las manos, era parte del ajuar de la época.

Salvo en muy pocas familias ricas y encopetadas, usaban como cubiertos una cuchara sopera, un tenedor, un cuchillo y una cucharita para los dulces o el café, y a la derecha del plato de cada quien, una copa o un vaso, y siempre una servilleta en cada puesto.

El desayuno: huevo frito y media vara de longaniza; un plátano maduro, de los mentados dominicos, de los campos de San Cristóbal, asado con cáscara en la hornilla: un pocillo de leche, un pan de corteza dorada, y en un platillo medio de mantequilla”.

La comida o almuerzo era variado y suculento, constaba de combinaciones que podían ser de sopa, carnes, frituras, guisados, adobados, pescados picados y ripiados, tubérculos, legumbres, plátanos, maíz, los sabrosos rellenos de cebolla, papa, berenjena, chayote, tomate, ajíe, etc.

Los suculentos sancochos y apetitosos locrios de pollo, palomas montaraces, bacalao, cangrejo, cerdo, longaniza, camarones, guinea, etc., sin faltar el indispensable plátano verde o el sabroso maduro asado, sancochado o hecho dulce, y para relleno el arroz blanco criollo, las habichuelas coloradas o blancas, los gandules, las habas, los frijolitos amarillos, arvejas, etc. Al terminar el almuerzo entraban las frutas, los dulces, el café o el jengibre.

La cena era sencilla, pues muy pocas familias comían carnes en la noche, como en el almuerzo, por lo general era abundante en pan, café, leche, chocolate, mantequilla, arepas, empanadas, empanadillas, pastelitos y dulces de harina.

 

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