
El presidente de la Fundación Sabores Dominicanos, Bolívar Troncoso Morales participó en el festival audiovisual “La Semana más corta” con el tema: Platos icónicos de República Dominicana, con el que cautivó a cientos de estudiantes que reaccionaron al estímulo visual que les provocaba cada foto de los platos y productos regionales y nacionales proyectados.
En la décima versión del festival de la Escuela de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), dedicado en esta ocasión a la identidad dominicana, el sazón lo puso Bolívar Troncoso, desde que inició su exposición señalando entre los platos icónicos nacionales a la “bandera dominicana”, esa combinación de arroz, habichuelas y carne o su sustituto que diariamente se sirve en los hogares.
Entre los platos que se sirven en el país a nivel nacional, siguieron el sancocho, preferido para ambientes festivos y días lluviosos; el mangú, rey del desayuno; el moro, plato vinculado a los moros y cristianos; el asopao, demandado en la cena cuando no se come arroz en el almuerzo y los lunes después de un domingo de tragos, al igual que el mondongo; el pastel en hoja, un alimento único en el país; el mofongo y las habichuelas con dulce, un plato único en el mundo igual que el “morir soñando” (jugo compuesto por la mezcla de leche y zumo de naranja).
Entre los platos regionales mencionó a Samaná y la herencia gastronómica que legaron los esclavos libertos de Estados Unidos que se asentaron allí para dejar para siempre el pescado con coco que tanto distingue a esa provincia.
Del Cibao Central, la zona más poblada y de mayor desarrollo del país, Bolívar Troncoso señaló entre la diversidad de platos propios de la región, el buche de perico, elaborado a base de maíz tierno en Moca, las arepas en la zona de Bayacanes; el guanimo, que es una herencia taína del Cibao y el cerdo en puya.
Único de Puerto Plata dijo que es el helado de uva de playa y de Constanza la pizza vegetariana, que junto a la paella están jugando un papel importante en el desarrollo económico; se está rescatando el buche de perico, un plato que casi había desaparecido que se sirve acompañado de arroz blanco y aguacate; en el Noroeste el chivo liniero, en las variedades guisado, horneado y asado y los platos típicos del mar de Montecristi.
Morales Troncoso siguió con la Sierra, como se conoce a la ladera norte de la Cordillera Central, destacando los productos a partir de la yuca, como base para el casabe natural y con diferentes variedades de relleno, así como para elaborar un panecico único: Unas barras rectangulares horneadas, elaboradas con la masa del casabe y chicharrón de cerdo triturado; el chenchén y el chacá en San Juan y Elías Piña; el queso arish, revestido de orégano, único en Las Matas de Farfán, donde lo introdujeron los libaneses; el chenchén y el chacá, platos elaborados con maíz; el primero es salado y el otro dulce.
La región Enriquillo con sus provincias Bahoruco, Independencia y Pedernales también tiene una diversidad de platos y los productos del mar son fundamentales; el típico pescado de la laguna de Rincón, en Cabral y el Lago Enriquillo y el vino de uvas de Neyba se destacan.
De la región Valdesia, integrada por las provincias Azua, San José de Ocoa, Peravia y San Cristóbal, tiene entre sus platos típicos el pastel en hoja, las arepitas de maíz de mano, herencia de los canarios que se establecieron en esa zona y el mabí cacheo, que es una palma barrigona que se da en las montañas del bosque cerca del Suroeste. Ahí se producen los buñuelos de San José de Ocoa y el dulce de higo, típico solo de esa provincia, introducido por los libaneses que se establecieron en ese valle donde existe una transición entre bosque húmedo y seco que permite un microclima vinculado con el clima mediterráneo donde se cultiva el higo.
En la región Higuamo tenemos desde San Cristóbal, la galleta de guáyiga y la comida de los cocolos de San Pedro de Macorís. Finalmente la región Yuma con su mabí seibano y el queso y el famoso dulce de chicharrón de leche que se produce en Higüey.
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