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24 de mayo de 2017

Comer bien en Aguas Blancas

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Su eslogan: “Comer bien”, augura los resultados que busca todo el que entra a un restaurante, pero la primera tentación de Aguas Blancas es su fachada campestre, preludio certero de interiores acogedores de gente de pueblo que conoce la esencia de la cocina popular y expresa identidad en platos que despiertan emociones propias de la vuelta a la casa y los fogones maternos.

En efecto, la entrada conduce al salón de dos ambientes, cálidos, íntimos y apropiados para resguardarse en los momentos fríos, tan característicos de Constanza.

Es un restaurante familiar, que acaba de cumplir sus 16 años sirviendo a comensales que llegan de cualquier parte del país y a turistas extranjeros, delicias propias de una demarcación que parece un huerto gigantesco. Rrealmente es el municipio de mayor producción agrícola del país, lo que se traduce en la frescura de los productos y a la vez en mejores precios.

Emilia Cáceres, administradora del restaurante, completa el cuadro singular de este negocio con sus atenciones, trato amable y orgullo con que habla de la oferta disponible: “Nuestro menú está integrado por platos criollos como chivo, guinea, conejo, sancocho, filete de res, cerdo y, como algunos clientes lo piden, también tenemos pescados como mero a la chinola, a la fresa... los que vienen nunca se quejan”.

Como muestra, llegan de la cocina el filete constanesa, puré de rábano amarillo relleno de chivo, crema elaborada con la misma cepa y para completar la tentación, delicia de coco con fresa, fresas en almíbar y flan de nueces, pero eso no es todo, tanto en salados como en dulces la oferta es mucho más extensa.

“Nosotros involucramos en nuestra cocina los productos que se dan en estas tierras, por eso acompañamos los platos con vegetales frescos, como papas salteadas, una variedad de hortaliza que usamos en la ensalada Constanza, zanahoria, brócoli, ajíes, frutas como la fresa, nueces del patio y otras que, aunque no se den en Constanza, las incluimos en jugos y dulce cuando están en temporada”, nos relata Cáceres.

Aguas Blancas está ubicado en la calle Rufino Espinosa número 54. Su fundador recreó una cabaña de montaña, tanto en la edificación como en los diseños interiores. Además de sus paredes de madera, techo de cana y piso rojo de cemento, la estampa incluye sillas de guano. y como ornamento, silla de cabalgar, pilón de majar café, árganas, aparejos, barricas que han sido usadas como fondo para pintar paisajes y en una silla una guitarra esperando quien rasgue sus cuerdas.

Tan agradable es el ambiente y exquisita la comida, que los salones son reservados por grupos que asisten fijos en fechas específicas del año, también por laboratorios clínicos que organizan encuentros médicos y para celebraciones de bodas, cumpleaños y reuniones familiares y de amigos.

“Es un ambiente familiar, la gente se siente cómoda y nosotros tratamos de que se sientan como en casa”, finaliza la administradora.

 

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