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23 de enero de 2017

“EcoBatey es una apuesta por la vida en el corazón del campo”

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Enclavado en la Cordillera Central, existe un asentamiento familiar totalmente ecológico, que acoge como huéspedes a no más de 18 personas, que viven durante su estadía una experiencia única con la naturaleza que pone a prueba sus cinco sentidos.

Desde ver los alimentos que consume formar parte del paisaje, percibir los olores del campo y los que provienen de la cocción de los productos orgánicos o del pan que servirán en el desayuno o percibir los sabores que salen de una cocina que ha fusionado la gastronomía mediterránea con la dominicana.

Pero detrás de ese estilo de vida campesino hay toda una historia de éxitos y renuncias de una familia, encabezada por Tuti García, que decidió volver a empezar, asumiendo las experiencias en el campo de nuestros antepasados.

Tuti García es un español de origen que llegó de Madrid hace 28 años con un contrato de trabajo que lo incorporó como Director Creativo Asociado de McCann Erickson Dominicana y jamás pudo desprenderse de este país que ha asumido como propio.

Agotado el tiempo en esa multinacional publicitaria, siguió carrera en otras importantes empresas del género y en 1995 decidió montar la suya, Hangar Publicidad y tres años después la productora XYZ, con la que creó y produjo programas audiovisuales y de televisión, entre ellos La Casa de Cristal, un reality show que acaparó la atención del país. También realizó documentales y asumió la dirección ejecutiva de la película La Victoria, sobre la cárcel del mismo nombre.

Pero pese a esa trayectoria profesional, la idea de instalarse en el campo y retornar a los orígenes se instaló en su cabeza y no lo abandonó hasta que decidió cerrar la empresa, vender una propiedad que conservaba en Madrid, dejar la casa de estilo mediterráneo que construyó a su gusto en Arroyo Hondo y comprar una finca en la comarca Rancho Arriba, de San José de Ocoa, donde dio vida a EcoBatey y se asentó con su familia.

Actualmente acoge una limitada cantidad de huéspedes que buscan un reencuentro con la naturaleza y un estilo de vida saludable.

Sabores Dominicanos: Es usted un citadino que decidió ser campesino o tenía experiencia en el campo?
Tuti García: Desde niño, a pesar de vivir en el centro de Madrid, tuve contacto con el campo. Los fines de semana mi familia solía ir a la sierra y los veranos y navidades íbamos a la finca de mi familia en el valle de Jerte, en Extremadura, donde cosechaban cerezas, unas de las mejores del mundo, que se dan en ese lugar. Durante mi estadía allí sacaba papas con mis tíos, montaba caballos, cegaba garbanzos, y así tuve el contacto con el campo y con los campesinos, que eran mi familia. La mitad de mi es del campo, la otra mitad, por parte de padre, es de ciudad, del centro de Madrid.

FSD: ¿Cuándo concibió la idea de crear EcoBatey?
TG: Vengo con la idea de crear una eco aldea desde 1992 al 93 que fue un año que viví en Cabarete. Allí conocí a un alemán que había sido jesuita y había convivido con indígenas en Brasil, que me hizo una sinopsis de hacia dónde va la sociedad y de lo que se trata el sistema. No había salido Matrix y es increíble cómo ese señor me dijo todo lo que luego salió en esa película.

FSD: ¿Qué le planteó?
TG: Unas de las cosas que me dijo fue que había que regresar a nuestras raíces a través de una eco aldea o hacer un asentamiento familiar, que es lo que somos realmente en este momento, porque una eco aldea comprende a un colectivo de personas, pero nosotros somos una familia aunque nuestra intención es convertirnos en una aldea.

FSD: ¿Cuándo hizo la transición de la ciudad al campo?
TG: La idea de poner en práctica ese deseo se empezó a manifestar en el año 2005. Buscando un lugar apropiado encontré, en San José de Ocoa, una finca maravillosa, con un clima que se asemeja mucho al de Europa, con temperatura entre nueve a trece grados en invierno y la máxima en 23. También me llamó la atención que tenía mucha agua y que los niveles fluviales fueran de los más altos. Además que había mucho café y eso ayuda a que la zona esté reforestada. Era el sitio que buscaba.

FSD: ¿Qué pasó con la idea original de formar una eco aldea?
TG: La idea primogénita de EcoBatey era crear una eco aldea y lo sigue siendo. Sucede que la eco aldea parte de un grupo de amigos o conocidos con la idea afín de asentarse en el campo y utilizar técnicas como agroecología o permacultura para producir sus alimentos. Es un concepto que no se ha desarrollado en República Dominicana, pero llegará el momento en que personas que quieran retirarse de la ciudad vengan para acá y, si califican, compren el derecho para establecerse aquí e integrarse a la producción, porque el trabajo se hace entre todos, no es solo mudarse para acá sin asumir responsabilidades. Todo está establecido en los estatutos que se pueden leer en el blog de EcoBatey.

FSD: Una vez establecidos, ¿cómo se sostiene el proyecto?
TG: Tenemos nueve años ya, porque el asentamiento nace como EcoBatey en 2007 y desde el primer día nos enfocamos en desarrollar el huerto que es el eje principal, y hemos aprendido de causa y efecto, prueba y error hasta lograr lo que hoy tenemos. Una huerta donde producimos los alimentos y vendemos el excedente. Como un aporte a la sostenibilidad, también desarrollamos una hospedería, sin que se pierda la esencia de ese concepto filosófico vivencial.

FSD: Con la producción de sus alimentos, y por demás orgánicos, los olores y sabores deben hacer fiesta en la mesa...
TG: Es cierto. Se perciben los olores y sabores más intenso, además del valor agregado de ver nacer, crecer y darle seguimiento, cortar y llevar directamente a la cocina nuestros alimentos.

FSD: ¿Cómo define la cocina de EcoBatey?
TG: Mediterránea con un toque dominicano. El que cocina soy yo con ayuda de mi familia. Preparamos siempre alimentos crudos, del huerto, con un aliño famoso, que hace que personas que no comían ensaladas las coman aquí por el sabor que le sienten. Trato las ensaladas con mucho cariño y le doy el sabor tradicional con sal marina, aceite extra virgen, vinagre balsámico y aplico algunos secretos de familia.

FSD: ¿Sirve solo alimentos crudos?
TG: No. A ese plato siempre le sigue un guiso. Puede ser lentejas al estilo dominicano y español, pero le puedo poner ñame, yautía, auyama, pollo, lo que encuentre en ese momento o no le pongo nada. Lleva un truco que ha usado toda la vida la familia, es un “majao” que me remonta al pasado. Viene acompañado siempre con trigo. Ya no estamos sirviendo arroz, porque lo damos integrar o damos trigo.

Hacemos muchas mezclas, por ejemplo, puedo hacer un cocido madrileño de garbanzos pero con los víveres locales y puede llevar pollo o gallina criolla. También están las pastas, arroces como paellas, fideuá, plato parecido a la paella hecho con fideos. Es un menú completo hecho con amor y productos de muy alta calidad.

FSD: El alojamiento incluye en el precio el desayuno, ¿en qué consiste?
TG: Hago un pan campesino, que suele ser para los desayunos, acompañados de huevos criollos, unas tortillas francesa tipo omelette, muy jugosa por el centro y sellada por fuera, si tengo pimiento asado lleva una lonja y siempre añado algo fresco, que puede ser berro o lechuga bien picaditas, con un aliño sencillo. Otra opción son los guineos, chocolate de la zona, queso derretido, siempre hay jugo de frutas frescas y té.

La cena puede estar compuesta por unas tapas, vegetales a la parrilla como berenjena y auyama en lascas acompañadas de una crema de auyama o berro, eso según lo que nos pidan los huéspedes.

FSD: ¿Se involucra el huésped de alguna manera con el huerto?
TG: Como nuestro público es consciente del momento que vive y quiere un cambio, aunque sea de un fin de semana, hemos colocado en las habitaciones una canasta que hemos llamado “Gusto por lo sano”, con la que el visitante puede ir al huerto, coger lo que le apetece y nosotros les preparamos jugos, cremas o sopas, lo que desee, para el almuerzo o la cena.

FSD: Si el huerto produce excedente, ¿Cómo lo manejan?
TG: Hemos creado un grupo de Consumidores Orgánicos RD, en Facebook, y con los que son clientes fijos tenemos un grupo en WhatsApp, por donde hacen sus pedidos que nosotros le enviamos a Santo Domingo. Eso incluye, además de las hortalizas del huerto, mermeladas y panes que producimos.

FSD: ¿Solo entra a su cocina lo que produce la finca?
TG: No, también hay producciones muy buenas en la comunidad, por ejemplo, un vecino que vende queso de hoja y requesón frescos y de alta calidad, o la señora que con la caña de azúcar hace panela que utilizamos para endulzar.

Pienso en un futuro hacer una cocina de humo y crear una especie de escenario, pero real, donde el huésped, por ejemplo, vea a la doña majando el chocolate que se va a comer o el café que mi vecina está procesando artesanalmente y que luego le serviremos.

FSD: Aumentan los proyectos ecoturísticos, ¿Es porque hay mayor consciencia?
TG: Debería ser. Pero hoy día la gente que quiere irse a vivir al campo lo hace porque está aburrida del sistema, del estrés, pero se va a montar un negocio, unas cabañas ecoturísticas, porque es la tendencia y hay un eco marketing del que está viviendo mucha gente. Pero el que se muda así al campo no produce ningún cambio.

FSD: Pero usted dice que crean cabañas ecoturísticas, ¿Cuál es la diferencia?
TG: No son ciento por ciento ecológicas, porque por lo menos las que conozco echan veneno para matar los mosquitos o la alimentación no es orgánica y, sobre todo, la huella ecológica que deja el visitante es grande porque todos los baños que utilizan son franceses, de agua, esos baños que uno los cree cómodos cuando no lo son y, además, son menos sanos y dejan una gran huella en el medio ambiente, a través de esas aguas de jabones y orinas mezcladas con heces, que llegan al suelo y terminan contaminando las aguas y por tanto a los habitantes de la zona. Para mí esas empresas que se venden como ecoturistas y tienen ese tipo de baños y piscinas con cloro, no lo son.

FSD: ¿De qué forma nos podemos integrar al campo sin llevar los males de la ciudad?
TG: Haciendo lo que hacían los campesinos originarios. Ellos eran ecológicos, no necesitaban ese título. Ellos conocían la tierra, le daban un nombre y un valor existencial y por lo tanto no la dañaban. Por eso han existido las letrinas toda la vida, son más ergonómica y ecológicas si se hacen bien, si llevan un protocolo de limpieza y de actuación correcto. Nosotros tenemos letrinas secas, súper cómodas, que separan ellas mismas las orinas de las heces que a su vez, quedan cubiertas de aserrín y materias orgánicas.

FSD: ¿Cómo está conformado EcoBatey?
TG: El territorio tiene 35 hectáreas de loma, sin tocar desde hace 40 años, con bosques húmedos y cultivos de café, guineos y antiguos frutales. Contamos con tres nacimientos de arroyos, que en su recorrido han creado hermosos pozos y también hay varios manantiales de agua mineral pura y una laguna donde se reproducen las tilapias. Todas esas características permiten al visitante hacer senderismo y si lo prefiere llegar en mulo a un río muy frío, caudaloso y bonito que está a cuatro kilómetros. Tenemos el huerto del cual nos alimentamos y obtenemos algunos recursos y para la hospedería tenemos la casa comunitaria “Arco-iris” con cocina y capacidad para cuatro personas, ideal para familias y más reciente creamos el Almazen.

FSD: ¿Qué es el Almazen?
TG: El Almazen es un espacio para la hospedería que surge como un aporte a la sostenibilidad, porque nuestro eje principal es el campo, el huerto, lo demás es anexo, no es nuestra idea de vida, porque no somos un resort ni tenemos cabañas turísticas ecológicas, somos una familia que vive en el campo y dispone de un espacio que renta. Lo levantamos en un viejo almacén de café de 54 años, que estaba muy deteriorado. Cogimos el mismo diseño, el 30 por ciento de las vigas, lo hemos restaurado y convertido en el Almazen, donde se hospedan parte de nuestros visitantes en tres habitáculos que lo conforman. Recibe el nombre de la función original de esa construcción y de la combinación de alma y filosofía zen.

FSD: ¿Cómo es el diseño interior de un espacio concebido para guardar sacos de café?
TG: El Almazen consta de tres habitáculos en cuyo interior usamos una mezcla de elementos hindú, celta y taínos y añadimos vitrales con contenido simbólicos. La habitación Luna, de 32 metros cuadrados, es la más grande, con una cómoda y gran cama matrimonial, mezzanine o entrepiso, un pequeño saloncito con camas individuales y una salita de estar. La habitación sol es parecida, pero de 30 metros cuadrados, y la tercera es Atabay, en el segundo piso y con seis camas y un saloncito y, además de más económica, es ideal para jóvenes, grupos o familias numerosas. Todas tienen una ambientación similar diferenciada por símbolos que honran a los aborígenes taínos.

FSD: ¿Cómo define al público que frecuenta EcoBatey?
TG: Es un público muy selecto, primero la carretera está en malas condiciones y hay un trayecto que se debe hacer en vehículos altos, sean jeepeta o camioneta o estar dispuesto a hacerlo en motor, segundo, porque debe identificarse con nuestro estilo de vida porque durante su estadía estará solamente conectado con la naturaleza. Es un público que busca salud mental, física y espiritual y este lugar, en medio de un bosque subtropical húmedo se lo proporciona.

FSD: ¿Qué tan asequible es?
TG: Una estadía en EcoBatey no es cara. Cobramos 2,400.00 las noches con desayuno y aquí hay lugares en la región que tienen un precio muchísimo más elevado y nuestros servicios son de muy alta calidad.

FSD: ¿Desde este refugio, como visualiza nuestro futuro?
TG: Con dos grandes comunidades: ciudades tecnológicas tan avanzadas que serán de alucinar y los asentamientos ecológicos, donde estaremos produciendo alimentos sanos con consciencia para nuestro consumo y el de esas personas que estarán enfocadas en crear artículos y maquinarias que harán mucho más fácil nuestro trabajo. Pero siempre dispondremos de ese espacio para leer, escribir, disfrutar las comidas, desconectarse y reencontrarse con uno mismo.

 

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